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Entrevista a Bao Nguyen: El cine se convirtió en el lenguaje que quería utilizar

admin agosto 12, 2026
Bao Nguyen HEADSHOT

Vivimos en una época en la que estamos constantemente atrapados en la rutina, pegados a nuestros teléfonos y distraídos por cada pequeña cosa que ocurre a nuestro alrededor. Sin embargo, también existen momentos en los que necesitamos desconectarnos de todo, encontrar un poco de calma y escapar de nuestra realidad cotidiana. A veces, ese escape ocurre frente a una película o un documental, cuando nos permitimos entrar en otra realidad, descubrir nuevas historias y sumergirnos profundamente en ellas.

Es desde ese lugar que conversamos con el cineasta vietnamita-estadounidense Bao Nguyen, quien ha construido una trayectoria marcada por historias de identidad, memoria y pertenencia. Desde Be Water hasta BTS: The Return, Nguyen explora aquello que existe detrás de las imágenes que creemos conocer. En conversación con Rocanrol, habla sobre su camino en el cine, la fotografía, Vietnam, BTS y el proceso de crear historias desde una mirada profundamente humana.

Texto y foto polaroid por Bárbara Molina

Muchas gracias por tomarte el tiempo de hacer esta entrevista. ¿Podrías contarnos un poco sobre tu trayectoria como cineasta?

Soy un cineasta vietnamita-estadounidense. Nací en Silver Spring, Maryland, de padres que llegaron a Estados Unidos como refugiados de Vietnam. Estudié Política y Relaciones Internacionales en NYU, eventualmente antes de ir a School of Visual Arts, donde hice un MFA en Cine Documental Social. Comencé principalmente como director de fotografía y productor, antes de pasar a la dirección. Desde entonces ha realizado películas como Live from New York!, Be Water, The Greatest Night in Pop, The Stringer y, más recientemente, BTS: The Return. Son proyectos sobre temas muy distintos, pero creo que siempre he estado interesado en preguntas similares: ¿cómo las personas se entienden a sí mismas, cómo se recuerda la historia y qué ocurre cuando miras más allá de la mitología que rodea a alguien? y encuentras al ser humano que existe debajo de ella.

Naciste en Maryland, ¿Cómo ese entorno influyó en tu forma de crear? ¿Cómo era la escena cinematográfica allí y qué te llevó a mudarte a Nueva York?

Crecer cerca de Washington D.C. probablemente me influyó más desde un punto de vista político que cinematográfico. Estaba fascinado por la política y la historia y, durante mucho tiempo, asumí que iba a convertirme en abogado. Creativamente, sin embargo, pienso mucho en la tienda de telas de mis padres. Mi hermana y yo pasábamos los fines de semana ahí y, cuando era niño, lo odiaba. Me despertaba temprano para ver dibujos animados antes de irnos y después pasaba horas detrás de la caja dibujando en el reverso de los recibos. Recuerdo sentirme atrapado ahí, pero mirando hacia atrás, también fue el lugar donde desarrollé mi imaginación.

Me mudé a Nueva York para estudiar en NYU, no para entrar a una escuela de cine. Pero Nueva York me expuso a un mundo cinematográfico completamente distinto y a personas que realmente habían decidido dedicarse a vidas creativas. Eso hizo que hacer cine me pareciera posible.

Tu formación comenzó en Política y Relaciones Internacionales antes de realizar un Master of Fine Arts en Cine en Nueva York, ¿qué te inspiró a cambiar de rumbo y dedicarte al cine? ¿El cine siempre había sido algo que te fascinaba?

Hubo un momento muy específico. Se suponía que debía rendir el LSAT para convertirme en abogado. Esa mañana me subí a mi auto, puse la llave en el contacto y simplemente me quedé sentado. No podía obligarme a manejar hasta el examen. Pensé en mi papá. Cuando mi hermana y yo éramos pequeños, a veces hacía unos hermosos dibujos arquitectónicos para nosotros después de que volvíamos de la tienda de telas. Él había querido ser arquitecto en Vietnam, pero la guerra y la inmigración cambiaron el rumbo de su vida.

Durante años pensé que honrar el sacrificio de mis padres significaba elegir la seguridad. Sentado en ese auto, me di cuenta de que quizás era exactamente lo contrario. Ellos habían sacrificado sus propios sueños para que yo pudiera tener opciones que ellos nunca tuvieron. Nunca fui a rendir el LSAT. No creo haber abandonado completamente la política. Las preguntas sobre historia, poder, representación, migración y quiénes son recordados siguen estando presentes en gran parte de mi trabajo. El cine simplemente se convirtió en el lenguaje que quería utilizar.

Trabajaste como director de fotografía y productor en la película vietnamita Nước (2030), dirigida por Minh Nguyen-Vo. Este fue seleccionada como película inaugural de Panorama en el Festival Internacional de Cine de Berlín. Mirando hacia atrás, ¿cómo influyó esa experiencia en tu formación como cineasta? ¿Y cómo fue volver a conectar con Vietnam y vivir allí durante ese período?

Nước fue una película muy significativa para mí, aunque en realidad no fue mi primer proyecto importante. Para entonces ya había estado haciendo documentales y trabajando como director de fotografía. Pero hacer un largometraje narrativo vietnamita y que además inaugurará la sección Panorama de la Berlinale fue una experiencia importante. Regresé por primera vez a Vietnam cuando tenía nueve años y posteriormente viví allí entre 2012 y 2018. Al crecer, Vietnam existía principalmente a través de los recuerdos de mis padres y de las películas estadounidenses sobre la guerra. Vivir allí me permitió formar mi propia relación con el país y con una generación de cineastas y artistas vietnamitas.

Años después, para Where Are You Really From?, me senté en la misma playa desde la que mis padres habían partido como refugiados. Eso me ayudó a entender que no tenía que elegir entre mis identidades. Soy completamente vietnamita y completamente estadounidense. Hay una frase que me encanta: pasamos la primera mitad de nuestras vidas intentando escapar de casa y la segunda mitad intentando volver a ella. Gran parte de mi cine ha sido parte de ese regreso.

Tu trayectoria finalmente te llevó hacia el cine documental, donde has contado historias a través de proyectos como Live from New York!, Be Water, The Greatest Night in Pop, The Stringer y BTS: The Return. ¿Qué fue lo que te atrajo de los documentales? ¿Hubo algún momento en particular en que te diste cuenta de que este era el tipo de narrativa al que querías dedicarte?

El documental reunió dos partes de mí: la persona interesada en la política y la historia, y la persona que amaba las imágenes, la fotografía y el cine. Lo que más me gusta es el descubrimiento. Puedes comenzar una película creyendo que entendemos la historia y luego la realidad cambia. Alguien dice algo inesperado, encuentras algo en un archivo o sucede algo frente a la cámara que cambia completamente tu manera de entender las cosas. Eso ocurrió con Be Water, no me interesaba hacer otra película que simplemente celebrará a Bruce Lee como un ícono. Quería entenderlo como un hombre asiático y un inmigrante intentando encontrar su lugar en Estados Unidos. Cuando era niño y veía a Bruce Lee en pantalla, reconocía algo de mí mismo en él. El documental te da la oportunidad de tomar a alguien que la gente cree conocer y permitirle verlo de una manera diferente.

Comenzaste tu carrera como director de fotografía y posteriormente pasaste a la dirección, convirtiéndote en la persona responsable de definir la visión general, la historia y las decisiones creativas de una película. ¿Cómo fue para ti esa transición? ¿Hubo desafíos al asumir ese nuevo rol y cómo los enfrentaste?

Ser director de fotografía probablemente fue la mejor preparación que podría haber tenido para dirigir, porque me enseñó a observar. Aprendes que lo más revelador de una escena no necesariamente es la persona que está hablando. Puede ser una mirada al otro lado de la habitación, las manos de alguien o el silencio que viene después.

El desafío de dirigir fue aprender a pensar más allá de la imagen y asumir la responsabilidad de toda la arquitectura emocional de una película: la historia, la música, el sonido, el material de archivo, el montaje y el ritmo. También aprendí que dirigir no significa tener todas las respuestas. Necesitas tener una visión clara, pero también dejar espacio para que tus colaboradores y los participantes te sorprendan.

Tienes experiencia en fotografía musical antes de convertirse en cineasta. Cuando diriges, ¿te encuentras pensando como fotógrafo, buscando determinados encuadres, emociones o momentos que cuenten una historia visualmente?

Definitivamente. La fotografía me enseñó a esperar ese momento en que alguien deja de actuar para la cámara. La imagen obvia generalmente está disponible para todos. A mí me interesa más el segundo anterior o posterior. Ese instinto se volvió muy importante en BTS: The Return. Con siete personas que se conocen desde hace más de una década, muchas veces me interesaba tanto la gente que estaba escuchando como la persona que estaba hablando. ¿Quién se ríe antes de que termine el chiste? ¿Quién desvía la mirada? ¿Quién ya sabe lo que la otra persona está a punto de decir? Esas reacciones pueden contener años de historia. Además, no hablo coreano, así que durante algunas conversaciones recibía traducción en vivo mientras las siete personas hablaban al mismo tiempo. A veces tenía que confiar en lo que podía ver en sus rostros y en su lenguaje corporal antes de entender completamente las palabras.

Cuando una idea para un nuevo proyecto llega por primera vez, ¿cuál es el primer paso de tu proceso creativo? ¿Cómo pasas de tener esa primera idea en la cabeza a convertirla en una película?

Generalmente comienza con una pregunta que no puedo dejar de pensar. De hecho, me interesa menos hacer una película si ya sé exactamente qué quiero decir. Después investigo obsesivamente: material de archivo, fotografías, entrevistas, música, conversaciones. Pero también me pregunto por qué esa historia debería ser contada a través del cine. ¿Qué puede comunicar una imagen o un sonido que un artículo no puede? ¿Cómo debería sentirse la cámara? ¿Qué deberíamos dejar sin explicar? Finalmente comienza a aparecer un lenguaje visual y emocional, pero siempre intento dejar espacio para que la realidad interrumpa el plan. Normalmente es ahí cuando la película se vuelve interesante.

Bao y su documental de BTS

Algo fascinante del cine es cómo el formato puede influir en la sensación que transmite una historia. Cuando estás filmando un proyecto, ¿prefieres trabajar con película análoga o con cámaras digitales? ¿Sientes que el medio que eliges cambia la manera en que capturas las emociones y los momentos?

Me encanta la película, pero no soy dogmático con respecto al formato. El medio debería estar al servicio de la historia. El digital es increíblemente valioso en el documental porque te da tiempo. En BTS: The Return, podíamos permanecer en una sesión de grabación el tiempo suficiente para que ellos dejaran de pensar en la cámara. Muchas veces filmábamos desde los bordes de la habitación con lentes zoom porque queríamos que nuestra presencia interfiriera lo menos posible.

También les dimos videocámaras a los miembros porque quería incorporar otra textura, algo que se sintiera más parecido a los videos familiares de casa. Esas cámaras nos dieron una intimidad que un equipo externo de filmación no podía crear. Me encanta mezclar formatos porque la memoria tampoco es visualmente consistente hoy en día. Nuestras vidas existen a través de películas, fotografías, teléfonos, VHS e imágenes digitales.

¿Alguna vez has vivido momentos trabajando en proyectos como The Stringer o BTS: The Return en los que tus protagonistas hayan tenido dificultades para abrirse completamente o simplemente ser ellos mismos frente a la cámara? ¿Cómo abordas la construcción de esa confianza?

Absolutamente. El acceso y la confianza no son lo mismo. Alguien puede permitirte entrar a su casa o a su estudio y aun así estar muy consciente de la cámara. Suelo decir que no hago películas sobre personas, sino que hago películas con personas. Con BTS hubo mucho intercambio de cartas antes de comenzar. Quería que entendieran por qué pensaba que este momento valía la pena documentar y cuáles eran mis intenciones. Fue un proceso lento porque son siete personas muy diferentes y cada una tiene una relación distinta con el hecho de ser filmada.

Con el tiempo, la confianza se construye a través de pequeñas cosas más que de una gran conversación dramática. Filmábamos mientras cenaban y ellos escuchaban cómo me rugía el estómago detrás de la cámara y me decían que fuera a comer con ellos. Esos momentos pueden parecer triviales, pero así es como se desarrollan las relaciones.

Y la confianza continúa durante el montaje. Que alguien te permita presenciar un momento vulnerable no significa automáticamente que debas utilizarlo. Los documentalistas tenemos un enorme poder a la hora de decidir cómo se representa a una persona.

Mientras filmabas a BTS durante esas sesiones de estudio, hubo algún miembro que te sorprendiera particularmente por la manera en que se relacionaba con la música o por el proceso creativo.

Lo que más me sorprendió fue lo diferentes que son los siete creativamente. Desde afuera, BTS puede parecer una entidad increíblemente unificada, pero cuando estás en la habitación ves a siete artistas con gustos e instintos muy distintos, negociando entre ellos para llegar juntos a algo. Fue fascinante observar a Jung Kook porque su relación con la música puede sentirse increíblemente instintiva. Puede escuchar algo, acercarse al micrófono y encontrar su camino de una manera muy natural. Luego tienes a alguien como RM, que puede ser extremadamente analítico respecto al lenguaje y al significado, o a J-hope, que tiene una precisión enorme con el ritmo y la interpretación. Lo interesante es cómo esos diferentes instintos se complementan.

La conversación sobre Arirang se convirtió en una de mis secuencias favoritas porque ves esas diferencias desarrollarse en tiempo real. No estaban debatiendo solamente si algo sonaba bien. Estaban pensando en lo que significaba representar a Corea frente a una audiencia global. Entré a la película asumiendo que artistas de este nivel probablemente entran a un estudio y saben exactamente qué hacer. En cambio, me encontré con siete personas haciéndose preguntas muy fundamentales: ¿Qué dejamos? ¿Qué cambiamos? ¿Qué hace que sigamos siendo BTS ahora? Esa incertidumbre se convirtió en la película.

A lo largo del proceso de creación de tus documentales recientes, ¿hubo momentos inesperados o memorables que se hayan quedado contigo y hayan influido en la manera en que veías la historia?

Casi todas las películas que he hecho terminaron revelándose como algo diferente de lo que esperaba. The Greatest Night in Pop comenzó con una de las noches más famosas de la historia de la música, pero lo que me fascinó fue lo vulnerables que se volvieron todos estos íconos cuando fueron puestos en una misma habitación.

The Stringer comenzó como una investigación sobre la autoría de una fotografía y terminó convirtiéndose en algo mucho más grande sobre quién queda inscrito en la historia y quién es borrado de ella.

Y originalmente pensé que BTS: The Return era una película sobre una reunión. Lo que terminó interesándome mucho más fue la incertidumbre dentro de ese reencuentro. Habían pasado tiempo separados, cumplido el servicio militar, trabajado en proyectos solistas y cambiado como personas. La pregunta pasó a ser menos “¿Puede BTS volver?” y más “¿Qué significa realmente volver cuando todos han cambiado?”.

Al principio del rodaje, RM me habló de Chronos y Kairos, el tiempo lineal versus el tiempo significativo. Yo ya había estado pensando en privado en La Odisea y en la idea del regreso, así que escucharlo expresar algo tan cercano a aquello con lo que yo estaba lidiando se sintió como uno de esos regalos que a veces te da el documental.

Eres uno de los miembros fundadores de East Films, una productora en la que trabajas junto a otros talentosos cineastas vietnamitas. ¿Cómo nació East Films y qué tipo de historias esperan impulsar a través de ella. Además, ¿considerarías volver a vivir en Vietnam en el futuro para continuar creando películas y contando historias desde allí?

EAST Films nació a partir de las colaboraciones entre cineastas vietnamitas que querían crear un puente entre Vietnam y la comunidad cinematográfica internacional. Durante generaciones, Vietnam fue representado internacionalmente principalmente a través de películas sobre la guerra, generalmente desde una perspectiva estadounidense. Nosotros queríamos apoyar a cineastas que estuvieran contando historias vietnamitas contemporáneas desde sus propios términos. Al mismo tiempo, no quiero que la representación se convierta en otra limitación. Creo que los artistas deberían inspirarse en sus propias vidas, pero los cineastas vietnamitas o asiáticos también deberían sentirse completamente libres de hacer ciencia ficción, terror, fantasía, comedia o cualquier otra cosa. La identidad debería entregarte una perspectiva, no límites.

Ya he pasado períodos importantes viviendo en Vietnam y espero que siempre sea parte de mi vida. Ya no pienso en Estados Unidos y Vietnam como dos hogares que compiten entre sí. En cierto sentido, siempre estoy moviéndome entre ambos y regresando a los dos.

Mirando hacia atrás en tus documentales recientes, ¿hay momentos del proceso de realización que se hayan quedado especialmente contigo o que consideres particularmente memorables?

Curiosamente, generalmente no son los grandes momentos. Recuerdo las pequeñas cosas: alguien riéndose después de que todos han estado trabajando durante doce horas, una mirada entre dos personas o sentarme tranquilamente con alguien después de una entrevista. Uno de mis días favoritos durante BTS: The Return fue el de la playa. Habíamos estado viéndolos trabajar increíblemente duro y, de repente, tuvieron un día en que simplemente podían disfrutar de Los Ángeles y de estar juntos. Después me contaron que también había sido uno de sus días favoritos allí. Ese día me ayudó a entender que no solo estaba documentando a una banda haciendo un álbum. Estaba viendo a siete personas que habían pasado una enorme parte de sus vidas juntas intentando descubrir cómo volver a ser una familia.

Como esta entrevista es para una revista de Chile, me da curiosidad saber cuál es tu conexión con el arte y la cultura chilena. ¿Hay cineastas, músicos o películas chilenas que hayas descubierto o disfrutado?

Me encanta el trabajo de Patricio Guzmán y Pablo Larraín. Las películas de Patricio, especialmente la manera en que explora la memoria, la historia y cómo el pasado continúa viviendo en el presente, siempre me han resonado mucho y también se relacionan con muchas de las preguntas que exploro en mi propio trabajo. Y admiro muchísimo el rango y la audacia del cine de Pablo Larraín. Siempre he querido visitar Chile, pero todavía no he tenido la oportunidad. Realmente espero poder hacerlo en el futuro, tanto para conocer el país como para descubrir de primera mano más de su cine, su música y su cultura.

Finalmente, ¿hay algo que puedas contarnos sobre tus próximos proyectos o sobre aquello en lo que estás trabajando actualmente?

Estoy trabajando en varias películas en este momento, aunque hay algunas de las que todavía no puedo hablar. Algunas continúan con mi interés por la música, la interpretación y la historia cultural, mientras que otras me están llevando hacia áreas que quizás la gente no asociaría inmediatamente con mi trabajo anterior.
Nunca quiero que el éxito de un tipo de película se convierta en una razón para repetirme. Al principio de mi carrera, sentía una responsabilidad de contar historias vietnamitas y asiático-estadounidenses porque había muy pocas oportunidades para que esas historias existieran. Sigo creyendo profundamente en ese trabajo, pero también he llegado a creer que la representación, en última instancia, tiene que significar libertad. En este punto estoy intentando seguir mi curiosidad. Si, puedo sentir una conexión con las cosas que siempre me han importado, la memoria, la identidad, la historia y la cultura, pero todavía no sé exactamente cómo hacer la película, esa incertidumbre generalmente me da aún más ganas de seguir adelante con ella.

Fotos cortesía Bao Nguyen y Netflix

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